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Los Mexicanos de Nebraska
Por Dr. Ralph F. Grajeda


Entre los inmigrantes a Estados Unidos, la historia del pueblo mexicano es único. Se puede decir que los primeros mexicanos no vinieron a este país, sino que el país vino a ellos. Como resultado de la guerra contra México, en 1848 Estados Unidos extendió su frontera con un territorio cercano al tamaño actual de esa nación, en donde en ese entonces vivían apróximadamente 100,000 personas hispanohablantes, la mayoría ubicada en los cinco estados del suroeste: Texas, Arizona, Nuevo México, California y Colorado.

Sin embargo, la mayoría de mexicoamericanos que reside en la actualidad en los estados centrales de Estados Unidos descienden de padres y abuelos participantes en las dos olas migratorias más grandes desde 1900: la primera de 1900 a 1920, y la segunda de 1920 a 1930. Un especialista estima que entre los años 1900 y 1920, el número de inmigrantes mexicanos para Estados Unidos llegó a constituir la décima parte de la población total mexicana en ese período.1

Victoria de Ortíz

Victoria de Ortíz vino a Nebraska con su familia alrededor de 1915, después de abandonar su hogar debido a un conflicto político. Esta fotografía, con su hijo de un año, Carlos, fue publicada en un artículo sobre ella en el Lincoln Star, fechada el 26 de septiembre de 1920. [Nebraska State Historical Society RG3357PH]


Pocos mexicanos vivían en los estados centrales antes de 1900, y de acuerdo con uno de los primeros estudios de la inmigración mexicana a Estados Unidos, 71 mexicanos vivían en el estado de Kansas en 1900, y 27, en Nebraska. Para 1910 la población mexicana en Kansas había aumentado a 9,429 y en Nebraska a 3,611.2 Este crecimiento de población se puede comprender dentro del contexto de acontecimientos contemporáneos que ocurrieron en México y en Estados Unidos. En ambos países, estos fueron cambios influyentes y complementarios. Los cambios de un país desplazaron a la gente mientras que los cambios en el país vecino la atrajeron.

La causa evidente del desplazamiento de mexicanos hacia el norte fue la Revolución Mexicana de 1910, una guerra civil que, como ya es conocido, durante la época de 1910­1920 acarreó sufrimiento, trastorno y una confusión extraordinaria. Las causas de cualquier revolución son por lo general múltiples y complejas; sin embargo, cuando se perciben en el contexto de la vida diaria de la gente común y aquélla especialmente empobrecida, dichas causas se reducen a un sufrimiento llano e intenso.

La Revolución Mexicana comenzó en 1910 pero sus raíces en el país se remontan a muchas décadas anteriores, ya que si bien la dictadura de Porfirio Díaz (con treintaiún años efectivos de duración, y veintisiete de ellos consecutivos) trajo paz al país, así como oportunidad y prosperidad para los miembros de la sociedad, el beneficio se concentró sólo en una selecta minoría, a expensas del sacrificio de los intereses de campesinos, trabajadores y pobres. Para 1910, al llegar el Porfiriato a su fin, menos del 3 por ciento de la total población rural poseía alguna propiedad. Existía un total de 834 hacendados y cerca de nueve millones de peones dentro de un sistema de dependencia por endeudamiento. De los 834 hacendados, quince poseían más de 100,000 acres cada uno; por ejemplo, la hacienda de San Blas en el estado norteño de Coahuila abarcaba casi un millón de acres. A pesar de los altos precios de los artículos de primera necesidad, el sueldo del peón en 1910 permanecía casi invariable en comparación con cien años atrás.

Esta revolución frecuentemente se describe como una insurrección civil campesina, en protesta por las condiciones económicas y sociales que oprimían a los pobres. Con el comienzo efectivo del conflicto armado, las condiciones de vida para muchísimos se volvieron intolerables. Muchos participaron en el conflicto, y muchos fueron también los que -ante la falta de trabajo, comida o servicio médico- reaccionaron naturalmente como pueblo desesperado: huyeron de sus lugares en suelo mexicano y buscaron cómo satisfacer aquellas necesidades elementales sin las cuales la vida no puede calificarse como humana.

El incentivo principal que atrajo a los mexicanos hacia el norte, fue la oportunidad de trabajar y ganar el sueldo necesario para vivir. Esta época se identifica como tiempo de desarrollo económico en los estados del suroeste, con la necesidad correspondiente de mano de obra barata. Durante los últimos años del siglo diecinueve hubo un desarrollo dramático en la empresa agrícola y en la construcción de los ferrocarriles en el suroeste. La demanda de los molinos de algodón en Nueva Inglaterra, de los fabricantes de ropa en Nueva York, y el mercado de exportación estimularon el cultivo de algodón en Texas durante estos años. El Acta de Reclamación de 1902 y la construcción en 1904 de ferrocarriles, tanto en St. Louis, Brownsville, como en México, animaron a los granjeros de la zona baja del Valle del Río Grande a crear enormes proyectos de irrigación para cultivar cosechas de verduras que podían enviarse a través del nuevo ferrocarril a los grandes centros metropolitanos en vagones de tren acondicionados como refrigeradores.3

Además, en 1897 el Congreso de Estados Unidos promulgó un impuesto del 75 por ciento para la importación de azúcar, incentivando con esto el desarrollo de la industria del betabel en Estados Unidos En consecuencia, ya para 1906 la superficie en acres de esta planta se había triplicado de los 135,000 acres inicialmente sembrados en 1900. Para 1920 esa superficie se había incrementado a 872,000, con la región de las Grandes Planicies (que incluye el valle de North Platte en Wyoming y la parte occidental de Nebraska) y producía el 64 por ciento de la cosecha total del país. De 1923 a 1932, Nebraska se clasificaba segundo en Estados Unidos, detrás de Colorado, en cuanto al número total de acres anuales de betabel (74,000); y primero en la producción nacional por acre (12.7 toneladas).4 Con este desarrollo de la industria, aumentó la necesidad de trabajadores; y las compañías azucareras trataron de satisfacer esta necesidad con un reclutamiento sistemático y metódico. Además, durante esta época muchos mexicanos tomaron por sí mismos la iniciativa y entraron a Estados Unidos, ya fuera de manera legal o no.

En 1900, los primeros trabajadores de ferrocarril acudieron al llamado de los reclutadores y cruzaron la frontera de El Paso. Vivían en vagones de tren, y así comenzaron a crear pequeñas comunidades de vagones y caseríos, que desde entonces se han convertido en los barrios a través del suroeste y de los estados centrales de Estados Unidos. Ya en 1906, semanalmente llegaban a la parte sur de California varios coches repletos de trabajadores, que después se reabastecían para trasladarse a locaciones en Colorado, Wyoming, Utah, Idaho, Oregón, Kansas y Nebraska. En 1908, 16,000 mexicanos fueron contratados en El Paso, solamente para trabajo de ferrocarril.5

Hasta la fecha quedan todavía algunos cuantos de estos mexicanos, ya ancianos, originalmente llegados a Nebraska, pasando por Kansas City, como trabajadores de ferrocarril contratados por el Union Pacific y el Burlington/Santa Fe. A través del estado de Nebraska -Sidney, Scottsbluff, Ogallala, North Platte, Kearney, Grand Island, Lincoln y Omaha­se puede encontrar a mexicoamericanos cuyos abuelos o bisabuelos trabajaron para el ferrocarril. Otros llegaron para laborar en rastros y plantas empacadoras de Omaha. En 1920 había 682 mexicanos en Omaha y para 1923, mil. Éstos vivían en la parte sur de la ciudad, cerca de las tres empacadoras de esa época.6

Otros mexicanos, especialmente en el oeste del estado, comenzaron a trabajar en los campos de betabel cerca de 1914 -más de una década después del experimento original con el cultivo del betabel en Hall County por la Universidad de Nebraska. En 1905 en el valle de North Platte, el total de acres sembrados con betabel era 250. Al año siguiente, la Great Western Sugar Company comenzó a cultivar la planta en esa parte del estado, y en sólo dos años el crecimiento de acres de este cultivo hizo necesaria la construcción de una fábrica. Durante esta época la fábrica de Ames, Nebraska se trasladó a Scottsbluff y fue agrandada7, con lo que el condado de Scottsbluff llegó a ser el más productivo en dicho cultivo en todo el estado de Nebraska.

Trabajadores posando con betabeles

Trabajadores posando con betabeles cosechados en el valle de North Platte cerca de Scottsbluff, alrededor de 1920. [Nebraska State Historical Society F353.7-39]


Muchos de estos trabajadores llegaron originalmente al valle de North Platte como trabajadores de ferrocarril, si bien después y por varias razones, cambiaron de trabajo al incrementarse la demanda de mano de obra. Aunque muchos de estos trabajadores vinieron por sí solos, muchos más, especialmente después de 1916, fueron reclutados por la Great Western Sugar Company. En 1915 esta compañía reclutó y transportó a 500 trabajadores al territorio de betabel en Colorado, Wyoming, Montana, y Nebraska. Para el año 1920 este número se había incrementado a 13,000. En 1926 la Great Western Sugar Company transportó a 14,500 mexicanos, y empleaba cincuenta y cinco agentes de trabajo y como parte de la tarea de reclutamiento, anunciaba las oportunidades de trabajo en folletines, carteles, volantes y calendarios-todos en español. Además, la compañía se anunciaba en quince periódicos.8

En Scottsbluff, una comunidad mexicana surgió cerca del ingenio de betabel en terrenos antiguamente propiedad de la compañía, la cual los vendió a las familias residentes. Hasta hoy, esta área permanece en el mismo sitio, y conocido en esta ciudad como el barrio mexicoamericano, colindando en el norte con el East Overland Drive, y en el sur con South Beltline Road, entre las avenidas Quinta y Quince.

Pocos de estos trabajadores llegaron a Nebraska directamente procedentes de México. La mayoría hizo escala en Kansas, unos cuantos en Texas, Wyoming, Oklahoma, Nuevo México y Arizona. La causa del considerable incremento de la población mexicana en Kansas-de 71 personas en 1900 a 9,429 en 1910-se debió probable-mente a que Kansas se había convertido en la ruta de paso para el pueblo mexicano que emigraba hacia el norte. Kansas City funcionaba como refugio temporal y centro de distribución para los trabajadores mexicanos que buscaban empleo en los estados centrales y del este.

Como muchos de sus compatriotas que inmigraron a Estados Uniods, aquellos mexicanos ubicados en Nebraska no llegaron con intenciones de radicar de modo definitivo. A diferencia de los inmigrantes europeos, los mexicanos no tenían intención de cortar en su totalidad los lazos que los ligaban a su patria, y crear comunidades permanentes en este país, y en ningún modo desconocían el territorio. Los mexicanos del norte del país provenientes de Sonora, Chihuahua, Coahuila, y Nuevo León, hallaron en Estados Unidos un clima idéntico al de su lugar de origen, y encontraron también-como en el sur de Texas-comunidades mexicanas ya establecidas. Para los inmigrantes de la región del altiplano central (Guanajuato, Jalisco, y Michoacán), la situación era diferente, pero el sentimiento de expatriación se compensó al encontrar comunidades de compatriotas, con servicios religiosos, periódicos y música en español, y comida típica. Al intensificarse la discriminación racial, podían refugiarse en el barrio. Para muchos, este racismo fue intolerable, y se vieron obligados a regresar a su patria, lastimados y desilusionados. Algunos hicieron conforme a lo planeado: trabajar en Estados Unidos, ahorrar, y regresar a México, una vez culminada la Revolución. Mayor fue la cantidad, por supuesto, que asentó su residencia permanente en Estados Unidos. De igual manera, una inmensa mayoría fue deportada a México, una vez que sus labores no eran ya requeridas, a consecuencia de las crisis económicas de 1921 y 1929. Como resultado de las extensas redadas en las comunidades mexicanas por autoridades migratorias a través de Estados Unidos, más de 400,000 personas fueron deportadas a México durante la primera parte de la década de los treinta; solamente en 1931, 138,519 mexicanos fueron deportados.

Una familia no identificada

Una familia no identificada en Omaha, Nebraska, 15 de agosto de 1922. [Nebraska State Historical Society D517:21-163]


Sin embargo, a partir de esa misma década, los mexicanos han seguido llegando a Nebraska. Con frecuencia se lee sobre la detención y deportación de trabajadores que laboran en las empacadoras del estado sin los documentos necesarios. Nebraska continúa a atraer a estas personas; a pesar de la miopía política tan en boga hoy en día, pues es difícil afirmar que el estado y sus ciudadanos no se benefician con su presencia.

Estos primeros inmigrantes de principios del siglo veinte han hecho lo mismo que todos los inmigrantes en Estados Unidos: han criado familias, han formado comunidades, han educado a sus hijos en la escuela para aprender inglés. Y también han mandado a sus hijos y nietos a las guerras de esta nación, y los han sacrificado en gran número para servir a los própositos del país. Los mexicanos han perdurado. Las narraciones presentadas por este proyecto ofrecen un testimonio de su integridad como una raza.

Obras Citadas

1 Carey McWilliams, North From Mexico: The Spanish-Speaking Peoples of the United States (New York: Greenwood Press, 1968), 163.

2 Manuel Gamio, Mexican Immigration to the United States: A Study of Human Migration and Adjustment (New York: Dover Publications, Inc., 1971), 24-25. Publicado originalmente por la University of Chicago Press en 1930.

3 McWilliams, North From Mexico, 163, 168, 177, 180-83.

4 Esther S. Anderson, The Sugar Beet Industry of Nebraska (Lincoln: Bulletin 9, Conservation Department of the Conservation and Survey Division, University of Nebraska, April, 1935), 25-27.

5 McWilliams, North From Mexico, 167-69.

6 T. Earl Sullenger, "The Mexican Population of Omaha," Journal of Applied Sociology, VIII (May-June, 1924): 289.

7 Anderson, Sugar Beet Industry, 21-22, 25.

8 Paul S. Taylor, Mexican Labor in the United States, Vol. I (New York: Arno Press and The New York Times, 1970), 103, 105.

9 Abraham Hoffman, Unwanted Mexican Americans in the Great Depression: Repatriation Pressures, 1929-1939 (Tucson: University of Arizona Press, 1974), 174-75.

Ésta es una versión editada y abreviada del capítulo escrito para Broken Hoops and Plains People, Nebraska Curriculum Development Center, 1976.

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Last updated 5 October 1998

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